Desde el primer instante, la experiencia fue extraordinaria. A nuestra llegada, nos recibieron con una calidez genuina y una atención al detalle que marcó la diferencia, haciéndonos partícipes incluso del especial ritual de la entrega de las flores y las llaves. Mientras recorríamos el hotel rumbo a nuestra habitación, cada paso se convirtió en una oportunidad para descubrir su historia. Nos hablaron de su pasado, de la arquitectura de sus patios y de las magníficas obras de arte que habitan sus paredes. Todo parecía cuidadosamente pensado para conectar al huésped con la esencia y el legado del lugar. Al llegar a la habitación, cada detalle estaba dispuesto con una delicadeza y fue Saúl, nuestro butler, quien se encargó de explicarnos cada uno de ellos. Su conocimiento, pasión y vocación de servicio hicieron que quisiéramos escucharlo, no solo conoce la hotelería: la vive, siente y transmite. Su dedicación es de esas que dejan huella. Nos vamos profundamente agradecidos por cada atención, cada historia y cada momento compartido. Más que una estadía, fue una experiencia que nos permitió sentirnos especiales, cuidados y, sobre todo, felices. Gracias por hacer de nuestra visita un recuerdo que permanecerá con nosotros.
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